*María del Pilar Eraso Soler  Bióloga Especialista en manejo integral del medio ambiente.

 4. De la Independencia a la República

 

Hospital San Juan de Dios de Bogotá. Reseña Histórica” Academia Nacional de Medicina de Colombia. Publicaciones. Vol. 26. N° 2(65). 2004El siglo XVIII se caracterizó por un avance conceptual y estructural en materia hospitalaria y educativa, bien que estos hospitales funcionaban más como albergues para los pobres y desamparados, como ya se vio en el capítulo anterior. Sin embargo los cambios políticos que surgen con el movimiento independentista, determinan una época difícil en términos económicos, políticos y sociales, lo cual afecta considerablemente el proceso de desarrollo que comenzaba a esbozarse en los nuevos territorios. De otra parte, estos conflictos además de frenar el progreso, secundan la ambivalencia existente entre el estado y las comunidades religiosas, al menos en lo que toca al tema de salud pública, atención al enfermo pobre y al desamparado[1]; situación que se mantiene hasta bien entrado el siglo XX.

 

4.1. Revolución, Política y Ambigüedad

 

A pesar de la inexactitud en la información referente a los avances médicos y científicos logrados durante la primera mitad del siglo XIX, se puede decir que la ambivalencia prevaleció, como se podrá constatar a continuación.

 

 

 

François-Joseph-Victor BroussaisPara esta época se registra la llegada de dos corrientes europeas, que marcan los inicios de la medicina moderna colombiana. De una parte está la doctrina del francés François-Joseph-Victor Broussais, traída por médicos llegados de Francia después de 1810 (Pierre Paul Broc, Bernard Daste, Desiré Roulin)[2]. Broussais fue conocido especialmente por la aplicación de la técnica de la sangría para tratar las enfermedades crónicas, este médico francés fue duramente atacado por sus contemporáneos, a causa de sus teorías erróneas, además de la nefasta influencia que tuvo en el desarrollo da la cirugía de la época[3].

 

Francisco de Paula SantanderLa otra corriente médica, de la cual se tiene menos referencia, fue desarrollada por los seguidores del escocés John Brown, quien establecía el origen de las enfermedades, basado en un exceso o una deficiencia de estimulo al organismo, de tal manera que las enfermedades debían ser tratadas con excitantes o soporíferos, según fuera el caso. Esta teoría daría origen a lo que se conoció más tarde como “brownismo”[4].

 

Al mismo tiempo se observa el desarrollo de una medicina alternativa en contrapeso a las nuevas corrientes. Dicha doctrina denominada homeopatía, había comenzado a ser desarrollada por el médico Hahnemann a finales del siglo XVIII y encontró  adeptos en Colombia desde el año de 1835 hasta la actualidad[5].

 

Desde su aparición, la homeopatía ha originado divergencia en cuanto al método terapéutico para tratar la enfermedad. La distinción entre la alopatía y la homeopatía fue bien establecida en una publicación de 1810 llamada “El Organon o instrumento del arte de curar”. Entre los principales personajes que impulsaron esta disciplina en el país encontramos: José Peregrino Sanmiguel, Víctor Sanmiguel, Hipólito Villamil, Manuel María Mediedo, Juan Maya, Gabriel Ujueta, entre otros[6].

 

4.1.1. Ley sin Educación - Educación sin Ley.

 

Antonio Vargas ReyesOtra de las imprecisiones surgidas en este período, tiene que ver con la educación. Efectivamente, de una parte en el primer cuarto de  este siglo, bajo la influencia y vicepresidencia del general Santander (1820 -1827), el desarrollo medico encuentra un fuerte impulso, gracias a la creación de la universidad Central de Bogotá, en donde se incluían la cátedra de medicina y se velaba por el buen funcionamiento de la misma. Esta dinámica continúa durante el segundo cuarto de siglo, con la construcción de otras cátedras de medicina en otras regiones del país, tendencia que va hasta 1850, momento en el cual diferentes incidentes políticos crean confusión, lo que conlleva al establecimiento de la ley del 14 de mayo del mismo año; dicha ley interviene directamente en la formación médica, ya que establece el libre ejercicio de las profesiones, suprimiendo los controles estatales sobre la enseñanza y debilitando las instituciones universitarias[7].

 

La LancetaEs así como hacia la segunda mitad del siglo XIX, la influencia de la medicina francesa y la adopción de la ley de 1850, marcan profundamente el desarrollo de la práctica médica colombiana. Este escenario obligó a muchos jóvenes médicos a partir hacia Europa para repetir sus estudios. Entre los personajes más notables de la época están Pedro María Ibáñez[8], primer historiador de la medicina colombiana y el Dr. Antonio Vargas Reyes, quien produjo dos publicaciones: "La Lanceta", en 1852 y "La Gaceta Médica de Colombia", en 1854. Vargas Reyes fue el promotor de una Escuela de Medicina de carácter privado, con la que pretendía llenar el vació que dejó la ley de 1850. Esta escuela comenzó su funcionamiento en 1864, para ser integrada en 1867a la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia[9]

 

MicroscopioPero no todo en la influencia francesa fue nefasto, cabe anotar como esta escuela permitió la adopción de dos ramas importantes de la medicina:  la fisiopatología y la etiología. Estos dos pensamientos médicos encontraron eco en Colombia y en su conjunto permitieron abrir paso a la medicina de laboratorio y al estudio de la patología a nivel histológico. Estas dos disciplinas se concretizarían muchos años mas tarde, con la llegada de los primeros microscopios, los cuales llegaron de Alemania en 1884, por iniciativa de Alejandro Restrepo, presidente de la Sociedad Politécnica de Colombia en París y por la de Nicolás Osorio, en 1885[10].

 

 

4.2. El Reto para el siglo XX: Miseria,  Higiene y Epidemias.

 

Casa de Expósitos y Divorciadas. Hospicio 1899. En Bogotá CD. Museo de Desarrollo Urbano.1998A finales del siglo XIX, los problemas de orden social eran numerosos, las múltiples contiendas acontecidas a lo largo de la centuria minaron la economía en detrimento de la población menos favorecida, aumentando el número de viudas y huérfanos. Lo cual implicó también al aumento de mendigos y de niños abandonados[11].

 

Bogotá. 1895.  En Bogotá CD. Museo de Desarrollo Urbano.1998Con respecto a los problemas relativos a la salud pública, se tiene registro de: gripas, dengues, diarreas, neumonías y tifus[12], las cuales aumentaban de tal manera que las autoridades y los diferentes estamentos se vieron obligados a reflexionar seriamente sobre las condiciones de higiene de la población, así que a evaluar la infraestructura urbana de las ciudades y el impacto de estas sobre la salud y el bienestar social. Es en esta época que surge el concepto de barrio obrero; estos fueron diseñados por médicos, ingenieros sanitarios y urbanistas, con el fin de mejorar los domicilios existentes, los cuales no eran más que simples construcciones en paja, constituidos por una sola habitación que albergaba en muchos casos más de 8 personas[13].

 

Estas medidas se transformaron rápidamente en una campaña hacia el saneamiento de los sectores pobres, convirtiéndose posteriormente en una estrategia política, que sirvió para establecer programas de educación e higiene, dirigidos a modificar la forma de vida de la clase obrera, con el fin de abolir el consumo de alcohol (chicha y cerveza) y la promiscuidad (multiplicación de enfermedades venéreas)[14].

 

4.3. Las Sociedades Científicas Neogranadinas (1859-1893)

 

Florentino Vezga. Por José María Espinosa. 1870. Museo Nacional de ColombiaEn lo que respecta a los temas de educación e investigación, la ley de 1850 había dejado un enorme vacío, propicio para la creación de numerosas asociaciones científicas de carácter privado. La primera de estas fue la “Sociedad de Naturalistas Neogranadinos” (1859-1861), la cual mantuvo el contacto con la comunidad científica de Europa y continuó el trabajo comenzado por la primera expedición botánica[15].

 

De esta manera se siguió con el intercambio de información y material entre los institutos. Cabe anotar que los investigadores europeos fueron los directamente beneficiados, puesto que lograron acceder a una gran variedad de material desconocido que existía en nuestras tierras, esto les permitió realizar sus trabajos de clasificación y publicación, en tanto que el beneficio nacional estaba limitado a la adquisición de libros y publicaciones científicas de actualidad; todo esto en detrimento de un verdadero desarrollo científico al interior del país, bien a pesar del apoyo y entusiasmo de muchos de sus miembros, dentro de los cuales vale la pena mencionar al abogado Florentino Vezga y al Doctor Ezequiel Uricoechea, médico, químico y filólogo, quien trato de dar impulso al desarrollo científico, sin éxito. Las razones: los problemas políticos en que estaba envuelto el país así que la guerra y la falta de cohesión al interior de la Sociedad[16].

 

Ezequiel Uricoechea. 1871A pesar del fracaso de esta primera experiencia, la aparición de otras sociedades científicas y médicas no se hace esperar, entre las más conocidas: “Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá”,  “Academia de Medicina de Medellín”, “Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bolívar”. El objetivo prioritario de éstas era el desarrollo de una medicina más acorde a las condiciones geográficas y las características fisiológicas de la población. La idea de catalogar los animales, los minerales y los vegetales, originarios de nuestro territorio, seguía siendo el eje central alrededor del cual se establecía una base de investigación[17].

 

No obstante,  surge un interés nuevo, la medicina proponía un enfoque regional en lo referente al estudio de las enfermedades y los enfermos. Esto significaba tomar en consideración diferentes puntos de análisis como eran: la ubicación geográfica, el clima, la altitud, las costumbres, los alimentos, etc., todos estos datos deberían ser registrados en un formulario especial. Aparece entonces una nueva visión de la medicina y de la investigación, las enfermedades comienzan a ser abordadas bajo otro ángulo de observación, esto fue lo que se llamó "Medicina Nacional"[18].

 

Las nuevas instituciones sirvieron, esencialmente, al desarrollo de la ciencia y de manera especial, a la clasificación y aprovechamiento de nPrimer Acueducto de Bogotá. 1895. Fotografía de Henri Duperly. En:Bogotá CD. Museo de Desarrollo Urbano.1998uevas plantas y recursos para la medicina, estableciéndose un intercambio permanente de información científica internacional y una afluencia creciente de artículos y revistas científicas, favoreciendo la traducción de aquellos que se aproximaban a las necesidades del país[19].

 

Pero la política continuaba siendo uno de los principales factores que interferían en el desarrollo de las ciencias en nuestro país; nuevamente y tratando de justificar la investigación de las riquezas naturales, dicha actividad se dejó impregnar e influenciar por doctrinas externas, en este caso la doctrina librecambista de la época. El resultado no se hace esperar, los programas de investigación se ven rápidamente afectados por la oferta y la demanda del comercio agroexportador, siendo Colombia un país de economía agrícola de subsistencia, las exigencias internacionales sobrepasan las capacidades internas, de tal manera que no se logra profundizar en temas de investigación. Los científicos se convierten en funcionarios de aduana y los informes científicos carecen de tal valor[20].

 

Sin embargo, vale la pena resaltar en este periodo el esfuerzo realizado por alcanzar la profesionalización de la medicina. Es así como en 1893 se reunía en Bogotá el primer Congreso Médico Nacional, en donde se presentaba al gobierno proyectos para reglamentar la medicina y la farmacia. De igual manera se trataron temas delicados, referentes a la higiene pública, como son las fiebres del Magdalena y la lepra y se solicitaba la creación de un gabinete bacteriológico para resolver problemas relacionados con la patología[21].

 

Retomando el tema de la “Medicina Nacional”, vale la pena destacar el papel que jugó en este proceso la construcción de una “Geografía Médica” la cual permite establecer una base de datos de epidemiología, y crear un reporte de las enfermedades regionales, así que de los tratamientos autóctonos utilizados[22].

 

De otra parte los aportes en materia de higiene portuaria y control de epidemias no pueden ser despreciados, pues es gracias al trabajo desarrollado, especialmente por la “Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bolívar”, que se logra trabajar activamente en la organización higiénica de la ciudad y del puerto, así que en la divulgación de los últimos avances científicos, gracias a la publicación de la “Gaceta Médica de Bolívar”[23]. Para esta misma época se registran los primeros estudios en lo que se dio por llamar medicina tropical, tema que será tratado más delante de manera detallada.

 

 

 

Índice   Continuación


 

[1] Ramírez María Imelda. “Beneficencia y Salud en Colombia. Pobreza y Desamparo Frente al Bienestar Social” Revista Credencial Historia. Edición 155. 2002. http://www.lablaa.org/blaavirtual/credencial/noviembre2002/beneficencia.htm

[2] Miranda Canal Néstor. 1992. « La Medicina en Colombia. De la Influencia Francesa a la Norteamericana ». Revista Credencial Historia. Tomo III. Nos 25-36. Edición 29. Bogotá. Colombia. http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/credencial/mayo1992/mayo1.htm

[3] Gourdol Jean-Yves – Medarus “Portraits de Médecines. François-Joseph-Victor Broussais 1772-1838. ” http://www.medarus.org/Medecins/MedecinsTextes/broussais.html

[4] Bizkarra Karmelo. La Medicina del  Barroco y la Medicina de la Ilustración ( siglos XVII-XVIII) John Brown 1735 – 1788. http://www.zuhaizpe.com/articulos/historia_medicina4.htm

[5] Historia De La Homeopatía En Colombia y Consejo Nacional Homeopático De Colombia. http://www.conhomeopatico.org/histocol.htm

[6] Guzmán Urrea María del Pilar. “La Alopatía y la Homeopatía en el Siglo XIX: Conflicto entre dos Prácticas Médicas”. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura- Vol.22. 1995. http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/revanuario/ancolh22/articul/art3/art3a.pdf

[7] Sánchez Torres Fernando. “Historia de la Ginecobstetricia en Colombia-Ocaso de la Colonia. La República. INETCOLOMBIANA S.A.1998. http://www.encolombia.com/

[8] Ocampo López Javier “Ibáñez, Pedro María” Gran Enciclopedia de Colombia. Biografías. Circulo de Lectores. http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-b/biogcircu/ibanpedr.htm

[9] Miranda Canal Néstor op.citp..

[10] Ibíd.

[11] Ramírez María Imelda. op.citp..

[12] Restrepo Zea Estela “La Individualidad de la Terapéutica” En “El Arte de Curar” AFIDRO. 1998. http://www.afidro.com/arte_curar/p19/index.htm

[13] Noguera R. Carlos Ernesto. “La Higiene Como Política. Barrios Obreros y Dispositivo Higiénico: Bogotá y Medellín a Comienzos del Siglo XX” 188-193 http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/revanuario/ancolh25/articul/art7/art7a.pdf

[14] Sociedades de Cirugía y Pediatría de Bogotá. “Repertorio de Medicina y Cirugía”. Vol. 19, 9-12 (1928), Vol. 20, 1-8 (1929), Vol. 21, 3(1930). Ejemplares encontrados en la Biblioteca Pública de la Universidad de Ginebra, Suiza.

[15] Obregón Diana. “La Sociedad de Naturalistas Neogranadinos y la Tradición Científica” Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura- Vol. 18-19. 1990-1991.pp. 105-116. http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/revanuario/ancolh1819/articulos/art4/art4.pdf

[16] Ibíd. pp. 111-123

[17] Obregón Diana. “El sentimiento de Nación en la Literatura Médica y Naturalista de Finales del Siglo XIX en Colombia” Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Volumen 16–17.1988-1989. pp.142-143 http://www.lablaa.org/blaavirtual/revanuario/ancolh16-17/articul/art6/art6a.pdf

[18] Casas Orrego. A y J. Márquez Valderrama. 1999. « Sociedad Médica y Medicina Tropical en Cartagena del Siglo XIX al XX. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Volumen 26. Pág. 118.  http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/revanuario/ancolh26/articul/art5.pdf

[19] Obregón Diana. 1988-1989. op.citp.. pp. 141-144

[20] Ibíd. pp. 146-148

[21] Ibíd. Pág. 150

[22] Casas Orrego. A y J. Márquez Valderrama. 1999. pp. 119-132

[23] Ibíd. Pp. 119-132

 
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Editado por Aldo Campana,