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*María del Pilar Eraso Soler Bióloga Especialista en manejo integral del medio ambiente.
4.4. Batalla Contra lo Invisible. Introducción de la Bacteriología y el Laboratorio Clínico.
La adopción de esta nueva
metodología del registro de la enfermedad, revela la delicada situación
sanitaria en que se encontraban,
a finales del siglo, la mayoría de las grandes ciudades del país . Gracias a estos registros se logra establecer un censo,
que no siendo completamente fidedigno, permite el seguimiento de la
población, lo que contribuye a la identificación de los enfermos
susceptibles de ser hospitalizados y aislados. Las enfermedades que a la
época eran prioritarias para adoptar estas medidas, eran la tuberculosis y
la lepra[4].
Poco después, durante los tres primeros decenios del siglo XX, se desarrolló un proceso de detección y control de dichas enfermedades, para lo cual, tanto los hospitales como las cárceles, fueron dotados de pabellones especiales en donde se aislaban los pacientes de alto riesgo de contagio; entre los principales sanatorios reportados encontramos: el pabellón “San Juan de los Barrios” y “La Serpentina”, en Bogotá, y “La María” en Medellín. Pero es sólo hacia finales de los años treinta que se comienza una verdadera campaña de tratamiento y cuidado de la enfermedad, con la conformación de “La Liga Antituberculosa Colombiana”, la cual construye el primer hospital dedicado al tratamiento de esta enfermedad. También se estableció la cátedra de Tisiología en la Universidad Nacional. El desarrollo de esta campaña a lo largo del siglo XX ha permitido reducir los riesgos de contagio y las altas tasas de incidencia[5]
Entre los principales personajes que se destacan en este ramo se tiene al médico Federico LLeras Acosta, quien se distingue por la realización de trabajos y estudios sobre la lepra y otras enfermedades animales y humanas, así que el análisis de alimentos y aguas durante la guerra de los mil días; todo esto gracias a la creación de un laboratorio incipiente, en el hospital San Juan de Dios de Bogotá [7]
Con respecto a esta última, fueron muchos los adelantos alcanzados por los médicos colombianos en todo lo referente al conocimiento, diagnostico y tratamiento de la enfermedad, de tal manera que se contó con establecimientos especializados, siendo el hospital de la Samaritana el primero de ellos [10]
Los trabajos de LLeras Acosta fueron reforzados por el Doctor Roberto Franco quien estableció el primer consultorio médico dotado de un laboratorio clínico. Para finales del siglo XIX Franco dirige la cátedra clínica de enfermedades tropicales que posteriormente dará vida a lo que hoy se conoce como Instituto Nacional de Salud[11].
Uno de los males que más aquejaban la población era el aumento de los casos de lepra, enfermedad que por lo demás, a los ojos de la alta sociedad de la época, dejaba ver un atraso del pueblo colombiano, razón por la cual dicha enfermedad fue objeto de atención por parte del legislativo, en tanto que medida de salud publica, pero con un fin económico más que social[14].
Los datos históricos sobre la evolución de dicho mal no
son muy extensos pues hasta finales del siglo XIX, las personas que sufrían
de esta enfermedad eran recluidas y aisladas en lugares denominados “lazaretos”; estos sanatorios se instalaron en diferentes partes del país,
los primeros fueron el de “Caño de Loro” (1784, Isla de Tierrabomba) y el de “El Curo” (1812, márgenes del río Suárez, Santander). Las leyes y medidas
de aislamiento estuvieron vigentes hasta el año de 1961, cuando, por la ley
148, se restituyen los derechos civiles de los leprosos y se
crean los
municipios de Agua de Dios y Contratación, los cuales albergan aún algunos
pacientes que guardan secuelas de la enfermedad[15].
Otro de los temas tabú y que hizo correr tinta, provocando mucho daño al desarrollo del sistema de salud en Colombia, fue el tema de la prostitución. A todo lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, las personas afectadas por algún tipo de enfermedad venérea perdían el derecho de ser atendidas en un hospital de caridad, puesto que se consideraba más como un problema moral y de violación de la ley (Código Penal de la República, 1858), que de salud[16].
Dicha medida agravó la situación de los enfermos y potenció los efectos de la misma en la población infantil, alcanzando cifras alarmantes. Esta situación obligó a los médicos colombianos a prepararse y desarrollar extensos avances en el diagnóstico y tratamiento de los diferentes tipos de enfermedades de transmisión sexual. De igual manera propició el establecimiento de una Junta Central de Higiene (JCH) con la que se esperaba ampliar la campaña de saneamiento al campo social y moral para poder tomar en manos el manejo de dicho problema sanitario[17]
De esta manera las postrimerías del siglo XIX dejan como balance en materia de salud, la abertura hacia la medicina clínica y el diagnostico de laboratorio así que los esbozos de algunos programas en materia de salud pública.
4.6. La Influencia Americana y la Medicina del Siglo XX
Los albores del siglo XX traen consigo cambios en el
panorama político y económico del país; la sociedad científica
norteamericana, notablemente en franco desarrollo, comienza a ejercer una
influencia capital en el pensamiento de algunos profesionales colombianos,
Como ya se había mencionado para el siglo XIX, algunos
científicos y médicos colombianos trataron de dar impulso a la investigación
en el país con ciertos avances, entre ellos la conformación de la Junta
Central de Higiene, sin embargo, la investigación estuvo siempre supeditada
a los intereses políticos del momento, dicha tendencia continuó su ruta aún
en los inicios del siglo XX, cuando estos objetivos comienzan a
concretizarse bajos la adopción de
En un comienzo, la puesta en marcha de un sistema de higiene en Colombia fue extremadamente difícil, en especial y paradójicamente, a causa del carácter social de ciertas enfermedades, desde finales del siglo XIX y hasta bien entrado el nuevo siglo, las enfermedades infectocontagiosas eran temidas más como un problema de raza inferior, pobreza y suciedad que como un verdadero problema de salud pública. Siendo esta la principal razón que impidió el registro (los médicos temían perder la clientela) y un censo adecuado de las enfermedades.
Esta coyuntura abrió paso a la influencia americana, no solo en el desarrollo de la medicina colombiana, sino también para el proceso de especialización de la misma. Una de las entidades más influyente en el desarrollo de los programas y políticas de salud fue la Fundación Rockefeller, esta entidad estuvo bien presente hasta mediados del siglo XX, colaborando técnica y financieramente[23]. Además de la influencia ejercida por dicha fundación es importante destacar el papel que jugaron los cambios establecidos en la educación médica norteamericana a comienzos del siglo, los cuales estaban bien expuestos en el informe hecho por Abraham Flexner. El modelo de Flexner es adoptado en el país en 1948 y para desarrollar la nueva escuela en Colombia, se propone la fundación de la facultad de medicina en la universidad del Valle, gracias al apoyo de la Fundación Rockefeller[24].
En resumen, el siglo XX estuvo marcado por múltiples cambios políticos y sociales, tan complejos como difíciles de retomar en una síntesis histórica, sin crear confusión, sin embargo, cabe destacar la influencia de dichos cambios en la adopción de medidas sanitarias y de educación, las cuales influyeron y siguen influyendo en la evolución de la medicina de nuestro país. A continuación y para finalizar, se incluyen como anexo dos temas relevantes: la medicina epidemiológica y la medicina reproductiva.
[1] Restrepo Zea Estela “La Individualidad de la Terapéutica” En “El Arte de Curar” AFIDRO. 1998. http://www.afidro.com/arte_curar/p19/index.htm [2] Guzmán Urrego Miguel A. “Enfermedades Bacterianas. La Gran Conquista del Siglo” En “El Arte de Curar” AFIDRO. 1998 http://www.afidro.com/arte_curar/p63/index.htm [3] Restrepo Zea Estela Op.citp. [4] Rueda Pérez, Gilberto. “Tuberculosis El Triunfo de la Medicina Sobre la Magia” En “El Arte de Curar” AFIDRO. 1998 http://www.afidro.com/arte_curar/p91/index.htm [5] Ibíd. [6] Guzmán Urrego Miguel A. op.cit. [7] Miranda Canal Néstor. « La Medicina en Colombia. De la Influencia Francesa a la Norteamericana ». Revista Credencial Historia. Tomo III. Nos 25-36. Edición 29. Bogotá. Colombia. 1992. http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/credencial/mayo1992/mayo1.htm [8] Rodríguez Gerzaín. “Lepra. Del Confinamiento y la Terapia Vitalicia a la Curación” En “El Arte de Curar” AFIDRO. 1998 http://www.afidro.com/arte_curar/p103/index.htm [9]Obregón Torres Diana. “Federico Lleras Acosta, Un Científico Colombiano Busca el Bacilo de la Lepra” Revista Credencial Historia. Edición 29. 1992 http://www.lablaa.org/blaavirtual/credencial/mayo1992/mayo3.htm [10] Guzmán Urrego Miguel A op.cit [11] Miranda Canal Néstor. op.cit. [12] Sánchez Avella Liborio “Hospital de La Misericordia. Bogotá 1897-1940”. Presentada en la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina en Julio de 1999. En Pediatría. Órgano Oficial de la Sociedad de Pediatría. Volumen 35 Nº 1. 2000. http://www.encolombia.com/pediatria35100hospital.htm [13] Rueda Pérez, Gilberto op.citp. Guzmán Urrego Miguel A. op.citp. Así que en: Sociedades de Cirugía y Pediatría de Bogotá. “Repertorio de Medicina y Cirugía”. Vol. 19, 9-12 (1928), Vol. 20, 1-8 (1929), Vol. 21, 3(1930). Ejemplares encontrados en la Biblioteca Pública de la Universidad de Ginebra, Suiza. Sánchez Avella Liborio “Hospital de La Misericordia. Bogotá 1897‑1940”. Presentada en la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina en Julio de 1999. En Pediatría. Órgano Oficial de la Sociedad de Pediatría. Volumen 35 Nº 1. 2000. http://www.encolombia.com/pediatria35100hospital.htm. Historia de Bogotá Siglo XX.” Tomo XI. Capitulo VI. Villegas Editores. Salvat Editores Colombiana S.A. 1988. http://www.villegaseditores.com/loslibros/958913831411/memoria_de_diseno.html [14] Obregón Torres Diana “Medicalización de la Lepra: Una Estrategia Nacional” Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Vol. 24.1997. http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/revanuario/ancolh24/articulos/art5/art5a.pdf [15] Ibíd. y Rodríguez Gerzaín. op.cit. [16] Obregón Diana. “Médicos, Prostitución y Enfermedades Venéreas en Colombia (1886-1951)” História Ciências, Saûde-Manguinhos. Vol. 9 (supplement): 161-86. Río de Janeiro. 2002. pp. 162170 http://www.scielo.br/pdf/hcsm/v9s0/07.pdf [17] Ibíd. [18] Miranda Canal Néstor. op.cit. [19] Uribe Ángel, Manuel. “La Medicina en Antioquia” Publicaciones del Ministerio de Educación Nacional. Biblioteca Aldeana de Colombia. Editorial Minerva. 1936. pp. 51-56 [20] Organización Panamericana de la Salud. “La Organización Panamericana de la Salud y el Estado Colombiano. Cien Años De Historia, 1902‑2002”. Bogotá 2002 http://www.col.ops-oms.org/centenario/libro/OPSestado100_print.htm [21] Ibíd. [22] Ibíd. [23] Ibíd. y Rosselli Cock Diego Andrés e Isabel del Socorro Moreno Luna. “El Desarrollo Histórico de las Especialidades Médicas en Colombia”. En MedUNAB. Vol. 3. Nº 8. 2000. http://editorial.unab.edu.co/revistas/medunab/pdfs/r38hm_c1.html [24] Ibíd. [25] Ibíd. y en el sitio Internet de Ascofame. http://www.ascofame.org.co/portal/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=2#RESEÑA%20HISTORICA
Editado por Aldo Campana, |